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Museotik Historias

Los años 30 en Euskadi a través de los carteles

El cartel moderno surge ligado a la invención y desarrollo de la litografía, que supuso una gran innovación frente a técnicas anteriores como el grabado o la xilografía. Gracias a ella, era posible dibujar directamente sobre la matriz, producir copias con mayor rapidez y lograr una mayor riqueza de tonos y detalles. Artistas como Jules Chéret, Steinlen y Toulouse-Lautrec supieron aprovechar ese soporte para unir creatividad artística y finalidad práctica, motivo por el que son considerados los padres del cartel moderno.

Aunque concebidos como objetos efímeros (destinados a promocionar marcas, eventos o ideas políticas), y, realizados en soportes de baja calidad, muchos carteles han adquirido con el tiempo un gran valor artístico y de mercado. El cartel combina imagen y texto con el objetivo de captar la atención del público. Su función es informar, persuadir e incluso educar, sin renunciar a su dimensión artística. No obstante, a finales del siglo XIX predominaban carteles muy atractivos visualmente pero poco claros en su mensaje. Esa tendencia fue evolucionando progresivamente hacia una comunicación más directa y eficaz, paralela a la profesionalización de la publicidad gráfica.

La historia del cartel político en el País Vasco está estrechamente ligada a los cambios sociales, industriales y políticos del territorio desde finales del siglo XIX hasta la actualidad. Sus orígenes se sitúan en un contexto de intensa industrialización y de emergencia de movimientos obreros, nacionalistas y republicanos. En ese contexto, el cartel se convierte en un medio eficaz para difundir ideas políticas, movilizar a la población y convocar actos públicos.

Durante la Segunda República y especialmente la Guerra Civil, el cartel político alcanza un gran desarrollo. Se utiliza como herramienta propagandística tanto por fuerzas republicanas como por el nacionalismo vasco, y destacan temas como la defensa de la identidad vasca, el antifascismo, la solidaridad y la movilización popular. En ese periodo predominan los colores intensos, las figuras simbólicas y los mensajes directos. Un ejemplo significativo es el cartel que el ilustrador Txiki realiza para animar a votar en el referéndum del Estatuto de Autonomía de 1933, conocido como el "Estatuto de las Gestoras" porque fue elaborado a iniciativa de las Comisiones Gestoras de las Diputaciones Forales, y porque se celebró el 5 de noviembre.

La asistencia social también tuvo su reflejo en la cartelería de la época. Así lo muestran las obras impresas en 1937 por las Asociación de Obreros Litográficos de Bilbao y editadas por el Departamento de Asistencia Social del Primer Gobierno Vasco. Esos carteles publicitan las "permanencias infantiles" destinadas a auxiliar a los hijos e hijas de refugiados políticos como consecuencia de la Guerra Civil. Uno de los edificios utilizados con ese fin fue la residencia de la familia Olabarri en la calle Campo de Volantín 41 de Bilbao, cuya imagen aparece en el cartel. Otro ejemplo es el que lleva el lema "Asistencia Social. Casa del Huérfano del Miliciano", en el que se representa a un miliciano observando a varios jóvenes en actividades educativas.

Por su parte, la Sección Femenina organizó el denominado "Auxilio Social" para asistir a viudas y huérfanos de la Guerra Civil, como aparece en el cartel impreso por la Editorial Elexpuru y que se conserva en el Museo Vasco de Bilbao.

El Museo de Bellas Artes de Bilbao conserva el cartel realizado en 1930 por José María Uribarren. Se trata de una litografía en color en la que un pregonero anuncia la nueva publicación del periódico Euzkadi y en la que aparecen los lemas "Irakuri - Léase / Euzkadi" y "Euzkadi euzkotaren izparingija da / Euzkadi es el periódico de los vascos".

El diario nacionalista Euzkadi comenzó su edición en 1913 y fue Aurelio Arteta quien recibió el encargo de realizar un cartel que anunciara su lanzamiento. El Museo de Bellas Artes de Bilbao conserva el boceto original de ese artista. Posteriormente, Uribarren realizó una versión en la que modificó algunos elementos, como la eliminación de la makila sobre la que el pregonero apoyaba su mano izquierda, y el cambio de la ubicación del escudo con el lema "Jaungoikua eta Lagi Zarrak", una de las señas de identidad del futuro periódico y de su cabecera.

El Aberri Eguna también tuvo una destacada presencia en la cartelería. Nicolás Martínez Ortiz de Zárate diseña el cartel anunciador del primer Aberri Eguna en el año 1932, en el que se representa una multitud congregada frente a la casa natal de Sabino Arana, conocida como Sabin Etxea. En aquel año, el Partido Nacionalista Vasco adquirió el edificio, que había dejado de pertenecer a la familia Arana en 1899, y, tras su acondicionamiento, fue inaugurado el 27 de marzo de 1932.

Dos años más tarde, el Aberri Eguna se celebró en Vitoria-Gasteiz, y uno de los carteles que lo anunciaron estaba firmado bajo el seudónimo de Ga eta Goi. El cartel muestra al fondo la torre de la Catedral de Santa María y, en primer plano, una pareja ataviada con los trajes populares.

Durante la Guerra Civil española, el cartel adquirió un papel central como instrumento de propaganda. Tanto los artistas de bando republicano como los del bando nacional pusieron su talento y aptitudes al servicio de sus convicciones ideológicas. Entre los temas recurrentes destacan la llamada al cumplimiento del deber y a la defensa de la patria. Es el caso del cartel impreso por Fournier en el que un soldado requeté anima a los vizcaínos a alistarse en su tercio. Las milicias requetés tuvieron arraigo en Navarra y en zonas rurales de Álava y Gipuzkoa, y movilizaron a miles combatientes conocidos como "boinas rojas" para la conquista del frente norte. En la litografía realizada por Arlaiz en 1935 se disponen cuatro soldados requetés haciendo guardia.

Los carteles también se utilizaron para exaltar los logros de las tropas fascistas; es el caso de las litografías de Nicolás Martínez, en las que se conmemora el aniversario de la toma de Bilbao del 19 de junio de 1937. En la primera de ellas, un soldado de infantería armado posa delante del ayuntamiento de la villa sobre la que sobrevuelan algunos aviones. La segunda de ellas, realizada en 1938, representa la Iglesia de San Antón, acompañada en primer plano por una bayoneta que rompe una cadena (símbolo del Cinturón de Hierro construido para la defensa de Bilbao).

Las obras que aparecen en esta historia pertenecen a los siguientes museos:

EXPLORA LAS COLECCIONES

Piedra litográfica de ases y varios palos

Museo Fournier de Naipes de Álava

Reversos de barajas, sellos y publicidad varia

Museo Fournier de Naipes de Álava

Baile en el Moulin Rouge

Museo de Bellas Artes de Bilbao