Reconstrucción de la falúa del Consulado de Bilbao, basada en un óleo del siglo XVII atribuido a Francisco Bustrín. La embarcación fue construida en el año 2000 en los talleres del Museo Marítimo Ría de Bilbao por el modelista naval y carpintero de ribera José Luis González. Ante la ausencia de planos originales y la diversidad de falúas existentes a lo largo del tiempo, el proyectista naval Antón Cortázar elaboró nuevos planos a partir de dicha obra pictórica.
La falúa está construida en madera, siguiendo la técnica tradicional de forro a tope, con las tracas dispuestas canto con canto, conformando una superficie exterior lisa. El forro se monta sobre cuadernas laminadas. La madera presenta un acabado barnizado; la obra viva está pintada de blanco, mientras que la obra muerta conserva el tono natural de la madera. A lo largo de la banda se aprecia una cenefa decorativa de tono dorado, que refuerza su carácter institucional y ceremonial. Dispone de timón de codaste y, en popa, se sitúa la caña que permite su gobierno. El palio, ubicado asimismo en la popa, está ricamente trabajado y cubierto con tela roja, con cortinajes laterales recogidos y remates decorativos en las esquinas; se trata de un elemento característico de las falúas de autoridades o de uso protocolario. La cubierta, despejada, cuenta con bancos transversales para los remeros, barandillas de madera torneada y pequeños detalles ornamentales en proa y popa. Medidas: eslora 13,92 m; manga 2,90 m; puntal 1,20 m; calado 0,55 m.
El Consulado de Bilbao, creado en 1511, fue la institución encargada de regular el comercio en el Puerto y la Ría de Bilbao, así como de proyectar y ejecutar infraestructuras viarias y portuarias, programar los estudios de navegación y formar a capitanes y pilotos. Su autoridad se manifestaba de manera destacada en los actos oficiales y festividades de la Villa, momentos en los que la falúa adquiría un especial protagonismo simbólico, al conducir a la comitiva de autoridades en su recorrido ceremonial por la Ría.