Jarra de chacolí de litro y medio. Recipiente contenedor, de barro cocido, esbelto con base plana, cuerpo troncocónico y cuello recto, boca abierta con labio curvo, provista de pico vertedor para canalizar el contenido y en el lado opuesto asa vertical que se asienta sobre el hombro. Presenta cubierta estannífera, esmalte blanco níveo de calidad, interior completa y exteriormente con forma de pañuelo o babero.
Procede del caserío Etxezuri, conocido como Chacoli Leguina / Txakolí Legina (Zubisiku 2), uno de los pocos que sobreviven en Begoña con parecido aspecto desde la 2ª guerra carlista, momento en que se rehízo su fachada tras la caída de una bomba. Leguina, nombre por el que se le conoce, es el apellido de sus propietarios, al menos desde 1863, dedicados a la agricultura y como chacolí de temporada. A partir de 1957 se convirtió en establecimiento permanente y lugar de encuentro y esparcimiento dominical, explotado por la hija de la casa Mª Carmen y su marido Tomás Lanzagorta. Se cerró en 1980.
En los chacolís de las anteiglesias próximas a Bilbao, se utilizaban para el servicio del chacoli, jarras de distinto tamaño: de litro y medio, de litro; de cuartillo (500 ml) y medio cuartillo (250 ml) o jarrillo. La capacidad real de las jarras era variable por ser de producción artesana y en general algo menor de lo establecido considerando que en ello estribaba el verdadero negocio de la venta al menudeo del txakoli. Algunos caseríos tenian jarras de mayor tamaño: azumbre (de 2 l. a 2 y medio) aunque no era habitual a tenor de las bajas producciones. En la familia recuerdan que había una jarra grande, de azumbre (como las de agua) en cuyo pañuelo tenia pintado, en verde, una rama. En los setenta las jarras utilizadas eran: "la pequeña" (individual) en torno al medio litro y "la grande" suponemos de litro. La pequeña se pagaba unas 5,06 pts.
Las jarras al igual que las cazuelas para el bacalao se adquirían directamente en los alfares de Ollerías Altas y Bajas y en Uribarri (Julio y Román Heppe) o en los comercios bilbainos procedentes de Durango o Álava (Elosu, Narvaja e incluso Navarrete). Cuando no se usaban, durante un tiempo, se ponían a remojo en agua para que el barro no se cuarteara.
Ibabe Ortiz, Enrike. Cerámica Popular Vasca. Bilbao, Fundación BBK, 1995.