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El Damasquinado. Eusebio y Plácido Zuloaga
El damasquinado es una técnica que permite decorar objetos de acero mediante diseños en oro y plata con los que se obtienen creaciones de gran belleza plástica. El origen de esta artesanía se remonta a las antiguas civilizaciones de Egipto, la antigua Grecia y Roma, además de tener sus raíces en la historia de China y Japón. La difusión esta técnica se debe al hecho de que, en el Renacimiento, el lujo de las armas y armaduras decoradas con damasquinados otorgaban prestigio social. Durante el Barroco, evolucionó como accesorio de joyería y orfebrería para las clases altas.
En la segunda mitad del siglo XIX comenzó a desarrollarse en Eibar gracias a Eusebio Zuloaga, considerado como precursor del arte del damasquinado moderno. Llevó a cabo una renovación tanto en la técnica como en el estilo del damasquinado, que en un principio se asoció a la decoración de las armas, pero que también se utilizó en objetos de lujo como cofres, relojes, marcos o jarrones.
Eusebio Zuloaga se formó desde muy temprano en el oficio de armero. La influencia de su padre, armero del Palacio Real y de su tío Ramón de Zuloaga, maestro examinador de la Real Fábrica de Armas de Soraluce-Placencia de las Armas fueron fundamentales; además, se formó en Francia y Bélgica. Todo ello le permitió instalar su propio taller en Eibar, donde abrió una fábrica de arcabuces y otra de cañones y armas en general.
Hacia 1849 recuperó la tradición del damasquinado con objeto de mejorar las labores decorativas para armas de lujo y así introdujo la técnica del esmaltado y el damasquinado. Su técnica conseguía que los surcos se abrieran con una cuchilla, y daba como resultado una superficie más perfecta y uniforme.
El Museo de la Industria Armera conserva un ánfora damasquinada de la que además posee dos ejemplares más el Museo de San Telmo. La pieza de 40 centímetros de altura se caracteriza por su largo cuello y sus dos asas de sujeción. Presenta una bella decoración vegetal en oro sobre metal negro elaborada con la técnica de estriado a cuchilla, por medio de la cual se incrustaban alambres de oro o plata sobre el metal.
Su hijo Plácido (padre del pintor Ignacio Zuloaga) se formó en París y posteriormente continuó con el taller de su padre, perfeccionando la técnica que éste había utilizado. Introdujo la ralladura, que era la preparación del metal antes de introducir el hijo rayándolo en tres direcciones. Plácido Zuloaga difundió el arte del damasquinado en ánforas, relojes, jarrones, llegando a realizar un altar damasquinado en el Santuario de Loyola. De todas las aplicaciones artísticas a las que se llegó por la decoración de las armas, derivaron otras en forma de brazaletes, gemelos, broches, abrecartas, que gustaron mucho en los ambientes distinguidos, en los que exhibir un objeto damasquinado de Eibar era sinónimo de distinción.
En 1884 Plácido Zuloaga trabaja en un ánfora de acero pavonado y damasquinada en oro, plata y cobre con ornamentos neoclásicos. La pieza no está decorada con la técnica del damasquinado reinventada por los Zuloaga, sino que es un trabajo de nielado, técnica que se obtiene mediante la incrustación de plata, oro y de un esmalte en ranuras o incisiones practicadas en el metal. La decoración representa dos escenas distintas de un centauro entre un hombre y una mujer rodeados de otros ornamentos. La pieza, de 60 centímetros de altura presenta la base apoyada sobre tres pies que representan las garras y la cabeza de un león.
Durante años permaneció en una tienda de antigüedades en Madrid y fue localizada por el suegro de la hija del pintor Ignacio Zuloaga y nieta de Placido Zuloaga, quien abogó por recuperar la pieza para el patrimonio guipuzcoano.
Los Zuloaga crearon escuela y propiciaron que el arte del damasquinado se extendiera formando a otros artistas. Es el caso de Pablo Sarasua, cuyo padre, Donato Sarasua, fue alumno de Plácido Zuloaga y abrió su propio taller en la ciudad armera. Pablo destacó en el sombreado y el relieve, realizando grandes trabajos como grabador.
El Museo de la Industria Armera cuenta entre sus fondos con un ánfora de 33 centímetros de altura, damasquinada por Pablo Sarasua en 1948. La pieza es de cuello largo y grueso y dispone dos asas dispuestas en paralelo al cuello. Su decoración se dispone en franjas y presenta motivos vegetales y zoomorfos, estos últimos dotados de vida por medio de la técnica utilizada de sombreado.
En 1983 la Escuela de Armería de Eibar abrió la Escuela de Damasquinado con el objetivo de dotar a la industria armera de grabadores y damasquinadores, y que se continuara la tradición impulsada por los Zuloaga. La escuela, creada con apoyo municipal, tenía una sección dedicada a la enseñanza del dibujo y una segunda dedicada al taller de damasquinado, e impartió docencia hasta 1995.
La primitiva técnica del picado a punceta consistía en golpear una punceta para realizar un fino picado romboidal. Una vez hecho el dibujo que se iba a grabar, se introducía el hilo de otro o plata. Esta técnica dio lugar al estriado a cuchilla, que abría los surcos mediante una fina y afilada cuchilla. Para introducir el hilo se usaba un punzón de base plana que se golpeaba con un martillo ligero y de boca ancha. La pieza que se iba a damasquinar se adhería a un taco de madera mediante lacre, y este taco se agarraba a un tornillo de bola que permitía adoptar la posición que se necesitaba para el trabajo.
Las obras que aparecen en esta historia pertenecen a los siguientes museos:
EXPLORA LAS COLECCIONES
Marco damasquinado por Felipa Guisasola
Museo de la Industria Armera
Pistola semiautomática Astra Mod. 4004 - Falcon, damasquinada
Museo de la Industria Armera
Medalla
Museo Vasco de Bilbao

